Palacio de Versalles, historias muy locas de la vida cortesana

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Espías, reyes que se enamoran de plebeyas y puertas secretas. No es un best seller de Dan Brown, es la historia del Palacio de Versalles.
fiestas del palacio de versalles historia

Cuando visitas lugares como el Palacio de Versalles, es la historia de sus antiguos habitantes lo que resulta más interesante. Sí, el palacio es muy bonito, pero si no te enteras de nada, visitar Versalles consistirá en pasear por pasillos muy largos viendo cuadros de señores con melena heavy.

Pero la vida es corta y tú no tienes todo el día, así que he recopilado las historias más curiosas del Palacio de Versalles, para que disfrutes el doble cuando lo visites:

Fiestas y desenfreno en el Palacio de Versailles

Antes del Palacio de Versalles, la residencia real estuvo en lo que es hoy el museo del Louvre, y también en la Conciergerie.

Pero Luis XIV quería tener a los nobles bien controladitos, así que se llevó toda la corte a vivir a Versalles. Allí les mantenía entretenidos con juegos y fiestas en las que ocurrieron algunos de los episodios más sonados de la historia del Palacio de Versalles.

Estas fiestas eran como la de tu amiga que quería «una boda sencilla»: había banquete, cisnes, fuegos artificiales y hasta góndolas venecianas para dar un paseito por el Gran Canal.

Al poco de trasladar la residencia real del Palacio de Versailles, Luis XIV celebró una fiesta de inauguración que duró 7 días. Se llamó Los placeres de la Isla encantada y aunque oficialmente se celebraba en honor a su madre y su mujer, en realidad era una excusa para agasajar a su amante, Madame la Vallière.

En una de estas fiestas es donde Luis XV conoce a su amante la marquesa de Pompadour, lo que nos lleva a la siguiente historia.

Madame Pompadour, de plebeya a amante real

Según cuentan, su madre la llevó a una vidente cuando era niña y esta le dijo algo así como «reinarás en el corazón de un Rey». Probablemente la pitonisa se estaba tirando un triple, pero acertó. Durante un baile de máscaras celebrado en el Salón de los espejos, Luis XV quedó prendado de Jeanne-Antoinette Poisson. Ella iba disfrazada de Diana y el Rey de tejo, que ya me dirás tú cómo se disfraza uno de tejo.

El flechazo fue tal que Luis XV la separó de su marido y construyó para ella el palacio del Petit Trianon en Versalles. El problema era que la amante oficial del rey no podía ser plebeya, así que Luis la nombró Marquesa de Pompadour, como las infusiones. Y apañado. Además, el muy sinvergüenza le otorgó el privilegio de poder sentarse frente a la reina. Pero Jeanne-Antoinette, que además de guapa y estupenda era espabilada, jamás sometió a la reina a tal humillación y acabó ganándose su amistad.

La Marquesa de Pompadour siguió siendo amiga y consejera de Luis XV hasta su muerte, incluso cuando dejaron de estar liados. Fue una incansable mecenas y ejerció su influencia política en las decisiones de Estado. Sobre ella se dijo de todo, nunca sabremos si cierto o inventado por una nobleza que no soportaba ver cómo una simple plebeya era la que partía el bacalao en Francia.

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Madame Pompadour, por Maurice Quentin de La Tour

El Salón de los espejos y los espías del rey

En la época en la que Luis XIV habitaba el Palacio de Versalles los espejos eran carísimos y tenerlos significaba que estabas forrado. El monopolio del mercado de espejos lo tenía Venecia, porque los muy astutos guardaban el secreto de fabricación como oro en paño.

Luis XIV, poco a acostumbrado a no conseguir lo que quería, envió espias para abducir vidrieros de Venecia y llevárselos a Francia. A los venecianos esto no les gustó un pelo, iniciándose un conflicto entre ambas potencias. Cuando por fin los franceses dominaron la técnica, Luis XIV mandó construir el Salón de los espejos del Palacio de Versalles para demostrar la grandeza de Francia.

Lo que no entiendo es cómo no han hecho ya una película de esta historia tan subrealista. Mientras esperas al estreno, aquí tienes una breve entrada sobre el salón de los espejos de Versalles y los espías de Luis XIV.

Galeria de los espejos versalles

Palacio de Versalles y la historia de su mal olor

Mucho marmol y mucho espejo veneciano, pero aquello olía como los baños móviles de un festival. Versalles tenía letrinas públicas y había «sillas de menesteres» con orinales o fosas sépticas que un ejército de sirvientes se encargaba de retirar.

El problema era que en Versalles podían llegar a vivir unas 10.000 personas y cuando no había un sirviente a mano, los nobles hacían sus cositas en cualquier rincón del Palacio de Versalles. La historia se complicaba aun más con personajes como la Princesa d’Harcourt, una señora que directamente orinaba mientras andaba y se quedaba tan pancha.

A esto hay que añadir que en aquella época lo de bañarse no se estilaba. Con toda su pompa y su sangre noble, tenían que colocar flores aromáticas y echar perfume por todas partes para disimular aquel olor a sobaco de mono. Perdón, he acabado con todo el glamour, pero alguien tenía que hacerlo.

La huída de Maria Antonieta por la puerta secreta

La mañana del 6 de octubre de 1789 los revolucionarios asaltaron el Palacio de Versalles. La historia cuenta que María Antonieta logró escapar por una pequeña puerta secreta que había en su habitación. Esta puerta daba a un pasillo que llegaba hasta los gabinetes privados de la Reina.

En tu visita al Palacio de Versalles, pasarás por el dormitorio de la Reina, en los Grandes Aposentos del Rey. Si te fijas bien, verás una pequeña puerta camuflada a la izquierda de la cama, que es por donde escapó la Maria Antonieta. Como ya sabrás, no le sirvió de mucho porque acabó presa en la Conciergerie y guillotinada unos meses después.

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Dormitorio de la Reina, Palacio de Versalles

Un día en la vida de Luis XIV: The Show

A todos nos gustaría vivir como un rey, pero de los de ahora. La vida de Luis XIV era un espectáculo continuo en la que todo, pero TODO, era público.

A las 8 de la mañana no sonaba un despertador sino un señor que dormía a los pies de su cama y le susurraba «»es la hora». Qué mal rollo. Después, mientras le lavaban y le vestían, en la habitación llegaba a haber hasta 50 personas. Algunos tenían el honor de participabar en el ritual del despertar del Rey, con diferentes funciones según su rango. Un noble de francia le traía la camisa, otro le ponía la manga derecha, otro la izquierda… y así con todo.

El alucine total es que había gente que PAGABA por el honor de «asistir al rey» cuando iba al retrete. Sí, amigos, es lo que estáis pensando. Se dice que incluso concedía audiencias mientras estaba sentado en su silla-retrete.

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Retrato de Luis XIV en el Palacio de Versalles

Si has disfrutado leyendo estos episodios de la historia del Palacio de Versalles tanto como yo escribiéndolas, te recomiendo echar un vistazo a la entrada sobre el Salón de los espejos. Sabiendo un poquito más sobre la vida que transcurrió en sus paredes, visitar el Palacio de Versalles te resultará mucho más interesante.

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